Creo que lo más apropiado para empezar es ser honesto. Esto no iba a ser un libro. Y si quiero evitar sentirme culpable, también tengo que confesar que no creo que vaya a ser un libro muy bueno.
La realidad es que la idea original era hacer un blog, o weblog, que es una de esas publicaciones personales que uno hace para Internet y que suelen ser muy poco interesantes.
Supongo que no espero mucho de esta publicación en particular porque tampoco esperaba mucho de su antecesora. La realidad es que detesto los blogs. No me disgustan los blogs en sí, sino el uso que la gente les da en general.
Estoy convencido que como herramienta de comunicación son muy prácticos pero la verdad es que es fatigante encontrarse con esa pila interminable de bitácoras personales que detallan el día aburrido y común de una persona aburrida y común.
O si no, están esos que se creen Neruda y publican sus propios versos porque, por supuesto, ninguna editorial seria quiso tocarlos.
Pero los que más me enervan son los escritos por los neofilósofos del siglo XXI que ni siquiera se molestaron en leer a uno del siglo IV a.c. y analizan la realidad con menos criterio que un cubito de hielo.
Dicho todo esto, yo escribí un blog. Y el mío no era mejor que ninguno de los otros. Si tengo que ponerme a pensar por qué lo hice se me pueden ocurrir un montón de explicaciones que no servirían como excusa. Creo que lo más honorable es reconocer que soy tan débil como todos y las modas (los blogs SON una moda de principios del siglo XXI), de tanto en tanto me seducen y no puedo evitar ser un cybertonto más o comprarme las Nike del mes.
Todo empezó en una conversación casual en la que tuve que admitir que a lo largo de mi vida había hecho más de una cosa de la que no me enorgullecía. En realidad más de dos… más de tres… muchas. Y como al pasar dije: “Voy a escribir un blog que se va a llamar ‘Las 5 cosas más estúpidas que hice en mi vida’”.
En cuanto terminé de decirlo me dio la impresión de que tenía algo de gracia y empecé a contemplar la idea de hacerlo en serio. Me resistía nada más por mi natural rechazo a formar parte de las filas de gomas que se dedican a escribir sandeces todos los días en su computadora.
Por otro lado me parecía que podía tener algún potencial humorístico el contar los episodios más estresantes, peligrosos y humillantes de mi vida. Así que decidí convencerme de que tenía algo interesante para decir a la cybercomunidad y me puse a escribir.
Después de meditar un poco, resolví que este blog iba a ser una reflexión de cómo me puse en peligro y me lastimé a lo largo de mi existencia sin que hubiera una necesidad o algo que me obligara a hacerlo. En una oportunidad alguien me pregunto por qué me lastimo tanto. Y lo único que se me ocurrió decir es que no soy cuidadoso.
Creo que la mayor parte de la gente se para frente a una situación y evalúa los posibles resultados e intenta tomar el curso de acción que sea menos doloroso o más práctico.
Bueno, yo no tengo esa capacidad. Yo hago estupideces que para muchos son evidentes y me doy cuenta inmediatamente después de haberlas hecho. No es algo de lo que esté muy orgulloso pero es una descripción grosera de mis procesos mentales a la hora de tomar decisiones rápidas.
Así que durante los siguientes meses fui publicando, con espacios temporales muy prolongados, estos episodios que por alguna razón necesitaba contarle al mundo, o por lo menos a 20 personas por día, que era el promedio de vistas que recibía en mi si-tio.
Lo que pasó es que a veces necesitaba recortar un poco los textos porque como eran para Internet no podía pretender que alguien se quedara veinte minutos leyendo estas estupideces frente a una pantalla.
Primero resolví hacer cada episodio en dos entregas para poder hacer textos más largos. Pero eso terminó por no funcionar tampoco.
Ahora, en un libro la gente lee cualquier cosa. Además una vez que pagaron están más o menos comprometidos. Así que puedo explayarme cuanto quiera.
Y así es como se me fue ocurriendo trasladar todos esos escritos a una publicación real y de la que después, además, pudiera alardear. Total, uno dice que escribió un libro y ya queda bien, no hace falta entrar en detalles.
“Las 5 cosas más estúpidas que hice en mi vida” era algo así como una licencia que me tomé para poner el título que me gustaba y que me había parecido gracioso en un principio. En realidad la idea era publicar más cuentos, tal vez un poco más cortos que los cinco originales, pero con esa misma temática.
Esa licencia se aplica a este libro también. Creo fervientemente que hice miles de cosas exageradamente estúpidas y dignas de relatar pero encuentro que entre todas ellas hay una especie de Top five. Hay cinco cosas que me avergüenzan más que nada pero aun así las cuento a todo el mundo. Son cinco cosas de las cuales creo que todos hacen una por lo menos en su vida pero no más de dos o tres.
Por lo tanto este libro va a ser un recorrido por esas cinco cosas sobresalientes en mi abanico de idioteces, salteadas de otras no tan sobresalientes pero con su cuota de franca estupidez. Episodios que probablemente sean sólo importantes para mí y tal vez un poco relevantes para aquellas personas que se reconocerán en los personajes de los cuentos.
Pero honestamente lo único que espero es que estos episodios no sean tomados como un intento infructuoso de alcanzar la gloria de los grandes de la pluma. Sinceramente espero que sean tomados como lo que son: un montón de estupideces.
La realidad es que la idea original era hacer un blog, o weblog, que es una de esas publicaciones personales que uno hace para Internet y que suelen ser muy poco interesantes.
Supongo que no espero mucho de esta publicación en particular porque tampoco esperaba mucho de su antecesora. La realidad es que detesto los blogs. No me disgustan los blogs en sí, sino el uso que la gente les da en general.
Estoy convencido que como herramienta de comunicación son muy prácticos pero la verdad es que es fatigante encontrarse con esa pila interminable de bitácoras personales que detallan el día aburrido y común de una persona aburrida y común.
O si no, están esos que se creen Neruda y publican sus propios versos porque, por supuesto, ninguna editorial seria quiso tocarlos.
Pero los que más me enervan son los escritos por los neofilósofos del siglo XXI que ni siquiera se molestaron en leer a uno del siglo IV a.c. y analizan la realidad con menos criterio que un cubito de hielo.
Dicho todo esto, yo escribí un blog. Y el mío no era mejor que ninguno de los otros. Si tengo que ponerme a pensar por qué lo hice se me pueden ocurrir un montón de explicaciones que no servirían como excusa. Creo que lo más honorable es reconocer que soy tan débil como todos y las modas (los blogs SON una moda de principios del siglo XXI), de tanto en tanto me seducen y no puedo evitar ser un cybertonto más o comprarme las Nike del mes.
Todo empezó en una conversación casual en la que tuve que admitir que a lo largo de mi vida había hecho más de una cosa de la que no me enorgullecía. En realidad más de dos… más de tres… muchas. Y como al pasar dije: “Voy a escribir un blog que se va a llamar ‘Las 5 cosas más estúpidas que hice en mi vida’”.
En cuanto terminé de decirlo me dio la impresión de que tenía algo de gracia y empecé a contemplar la idea de hacerlo en serio. Me resistía nada más por mi natural rechazo a formar parte de las filas de gomas que se dedican a escribir sandeces todos los días en su computadora.
Por otro lado me parecía que podía tener algún potencial humorístico el contar los episodios más estresantes, peligrosos y humillantes de mi vida. Así que decidí convencerme de que tenía algo interesante para decir a la cybercomunidad y me puse a escribir.
Después de meditar un poco, resolví que este blog iba a ser una reflexión de cómo me puse en peligro y me lastimé a lo largo de mi existencia sin que hubiera una necesidad o algo que me obligara a hacerlo. En una oportunidad alguien me pregunto por qué me lastimo tanto. Y lo único que se me ocurrió decir es que no soy cuidadoso.
Creo que la mayor parte de la gente se para frente a una situación y evalúa los posibles resultados e intenta tomar el curso de acción que sea menos doloroso o más práctico.
Bueno, yo no tengo esa capacidad. Yo hago estupideces que para muchos son evidentes y me doy cuenta inmediatamente después de haberlas hecho. No es algo de lo que esté muy orgulloso pero es una descripción grosera de mis procesos mentales a la hora de tomar decisiones rápidas.
Así que durante los siguientes meses fui publicando, con espacios temporales muy prolongados, estos episodios que por alguna razón necesitaba contarle al mundo, o por lo menos a 20 personas por día, que era el promedio de vistas que recibía en mi si-tio.
Lo que pasó es que a veces necesitaba recortar un poco los textos porque como eran para Internet no podía pretender que alguien se quedara veinte minutos leyendo estas estupideces frente a una pantalla.
Primero resolví hacer cada episodio en dos entregas para poder hacer textos más largos. Pero eso terminó por no funcionar tampoco.
Ahora, en un libro la gente lee cualquier cosa. Además una vez que pagaron están más o menos comprometidos. Así que puedo explayarme cuanto quiera.
Y así es como se me fue ocurriendo trasladar todos esos escritos a una publicación real y de la que después, además, pudiera alardear. Total, uno dice que escribió un libro y ya queda bien, no hace falta entrar en detalles.
“Las 5 cosas más estúpidas que hice en mi vida” era algo así como una licencia que me tomé para poner el título que me gustaba y que me había parecido gracioso en un principio. En realidad la idea era publicar más cuentos, tal vez un poco más cortos que los cinco originales, pero con esa misma temática.
Esa licencia se aplica a este libro también. Creo fervientemente que hice miles de cosas exageradamente estúpidas y dignas de relatar pero encuentro que entre todas ellas hay una especie de Top five. Hay cinco cosas que me avergüenzan más que nada pero aun así las cuento a todo el mundo. Son cinco cosas de las cuales creo que todos hacen una por lo menos en su vida pero no más de dos o tres.
Por lo tanto este libro va a ser un recorrido por esas cinco cosas sobresalientes en mi abanico de idioteces, salteadas de otras no tan sobresalientes pero con su cuota de franca estupidez. Episodios que probablemente sean sólo importantes para mí y tal vez un poco relevantes para aquellas personas que se reconocerán en los personajes de los cuentos.
Pero honestamente lo único que espero es que estos episodios no sean tomados como un intento infructuoso de alcanzar la gloria de los grandes de la pluma. Sinceramente espero que sean tomados como lo que son: un montón de estupideces.
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