Choqué contra un auto en bicicleta

Con cada estupidez que hago termino aprendiendo algo. Después vuelvo a cometer los mismos errores pero me acuerdo que ya me había pasado antes. Es como estudiar para un examen y después contestar cualquier cosa. Que lo aprenda no quiere decir que lo tenga que poner en práctica. Bueno, esta experiencia me enseñó una lección.De chico yo solía andar en bicicleta como cualquier pibe. A veces en grupo, a veces solo. Más que nada por mi barrio.
A los doce años todavía no había explorado mucho el mundo fuera de esas tres manzanas yo solo. Así que si andaba en solitario seguro me dedicaba a dar vueltas por ahí cerca de casa.
Mi barrio solía estar habitado por muchos chicos que rondaban mi edad y en general todos teníamos una mascotita. Habitualmente perros.
Un vecino en particular, uno que yo no soportaba mucho, tenía un perro muy nervioso y poco agradable. Un perrito de esos chiquitos que parece que todas las mañanas los alimentaran con café y azúcar. Esos que ladran incesantemente y corren de un lado para el otro. O sea, una espina en el culo si se quiere.
Ese perro era molesto. Cuando el dueño estaba cerca el can andaba dando vueltas por ahí rompiendo las pelotas. Y en general era muy buen guardián y se ponía agresivo cuando estaba cerca de su contraparte humana (ya expliqué que el chico también era un pelmazo).
Recuerdo un día en particular en el que varios chicos del barrio estábamos andando en bicicleta en el predio de una iglesia a una cuadra de casa. También estaba por ese lugar el susodicho goma y su perro intolerable.
Mientras que nosotros hacíamos los nuestro, lo cual era dar vueltas en círculo y charlar pavadas, esta criaturita de Dios se dedicaba a ladrarnos y tirarnos un tarascón cada vez que tenía la oportunidad.
Como nosotros éramos chicos la respuesta natural era molestar al perro para enervarlo más. Esto por supuesto ponía de mal humor a su dueño, lo que nos hacía más felices a nosotros. Esa tarde no fue muy significativa excepto porque me inspiraría para cometer una gran estupidez.
Pocos días después yo estaba en una de mis excursiones en solitario dando vueltas por el barrio. Lo que pasó fue que al pedalear por el frente de la casa de mi vecino su perrito guardián salió disparado hacia mí para ladrarme y supongo que para ver si podía arrancarme un dedo del pie o algo así.
Yo venía un poco embalado pero el picho era rápido y podía mantenerse al la par, ladrando al mismo tiempo. El perro estaba en buen estado.
Recordando los eventos de días pasados, decidí hacerme el pistola y tirarle un par de patadas al perro para molestarlo más. No le quería pegar. Quería molestarlo nada más. Tener la satisfacción de ponerlo nervioso y dejarlo atrás con todas sus ganas de morderme.
Estaba ensimismadísimo con el perro. El animal era mi foco de atención. Y era así literalmente porque yo venía mirando hacia la izquierda, ligeramente hacia atrás (el perro venía un poquito rezagado) y hacia abajo (lógico si el perro era diminuto).
Estaba empezando a ganar más velocidad y el perro se estaba empezando a quedar atrás y llegó un punto en el que ya no hacía gracia molestarlo. Habían sido por lo menos seis o siete segundos de satisfacción. Cortos pero refrescantes.
En cuanto miré hacia delante vi que a menos de dos metros estaba la camioneta de mi viejo (la misma que casi destrozaría seis años después), que él solía dejar estacionada en la vereda.
Mi cerebro no reaccionó ni siquiera para decirle a mi dedo índice que intente apretar el freno. Lo único que pude pensar fue: “pero la p…”.
Cuando impacté, a 20 o 25 km/h, literalmente salí despedido de la bicicleta y caí como un trapo viejo sobre el capot de la camioneta. Todo mi cuerpo completamente desparramado en la extensión de la chapa. Debo haber estado treinta segundos tirado ahí lamentándome de mi propia idiotez.
El perro había quedado atrás y ya no tenía interés en seguirme porque yo ya no me movía. Estoy seguro que en algún nivel sintió algún tipo de satisfacción al verme estrolado contra algo muy duro.
¿Qué aprendí ese día? Que molestar a un perro, por muy detestable que sea, es mal karma. Si el perro es un desgraciado, no lo puede evitar. Si yo me porto como un desgraciado, es porque soy un estúpido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario